domingo, 22 de diciembre de 2013

Esperilla


Los yacimientos de Esperilla y Carissa Aurelia en época ibero-turdetana adquieren una gran importancia dentro del desarrollo histórico del valle del Guadalete con un dominio geoestratégico de las vías de comunicación y de las extensas áreas fértiles que se localizan en torno a los valles de los ríos y principales afluentes.

Esperilla es una ciudad ibero-rromana situada a 1,5 km de Espera, construida sobre el cerro y la ladera del monte del mismo nombre, muy cerca del monte de Fatetar donde se halla el castillo de Espera. Su primitivo nombre parece que fue Cappa, según aparece en el Anónimo de Rávena. Perteneció al "Conventus" de Gades y es nombrada por Plinio. Los primeros restos conocidos se remontan al Neolítico, época en la que existió un pequeño poblado. También existen bastantes restos de la Edad de los Metales. Pero cuando se convirtió en una verdadera ciudad fue durante la civilización ibérica, entre el s.IV y I a.C. De esta época, llamada en nuestro territorio Turdetania, como continuadora de la civilización de Tartessos, se conservan en el Yacimiento numerosas viviendas, aljibes, murallas, restos del gran oppidum que debió ser por la altura de algunos de sus muros excavados completamente en la roca, durante las Guerras Púnicas. De este momento histórico se conservan varias esculturas en piedra. Entre ellas podemos destacar varios leones, una dama sedente sin terminar, un guerrero y un jabalí. Del período romano se excavó una tumba de sillares completa perteneciente al s. II d. C.

Esperilla desaparece hacia el siglo V d.C pues desde ese momento no se han encontrado mas restos en la ciudad.

Lo primero que vemos antes de subir al cerro es este pozo-aljibe construido con sillares y posiblemente ligado al yacimiento de Esperilla.

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La ciudad de Esperilla está construida sobre la ladera del monte del mismo nombre, muy cerca del monte de Fatetar donde se halla el castillo de Espera. Sus constructores aprovecharon la pendiente del terreno para edificar las viviendas excavadas en la roca natural.

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Para salvar la pendiente las calles se hacían en escalera de las que se conservan bastantes.

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Hornacinas en el muro de una casa.

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Cruz tallada sobre otro muro.

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Llegamos a la loma del monte y seguimos encontrando mas viviendas.

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En algunas casas se conservan grandes piletas, algunas de ellas con sistemas de desagüe de unas a otras.

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Otra hornacina

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En lo mas alto del cerro encontramos una especie de silla labrada en la roca.

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Caminamos hacia el extremo sur de la ciudad

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Trozo de muro conocido como "el león de Esperilla".

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Para abastecerse de agua construyeron grandes aljibes que llenaban con el agua de lluvia.

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Mas piletas

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Llegamos a los últimos restos de edificaciones situadas al sur del yacimiento. También vemos el castillo de Fatetar. La ciudad de Espera queda al otro lado.

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Aquí hay otro aljibe que ha sido invadido por una higuera.

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Y a escasos metros otro aljibe.

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La Sierra del Pinar y Torreón. A la derecha el blanco calizo del Simancón, en la Sierra del Endrinal.

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La cara norte del Castillo de Fatetar.

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Lo que caracteriza la ciudad iberorromana de Esperilla es la gran cantidad de esculturas que han ido apareciendo a lo largo de los años, casi siempre tras las faenas agrícolas. Estas esculturas son, sobre todo leones, que al parecer se colocaban sobre la tumba y "defendían la inviolabilidad de la sepultura, el descanso del muerto y la integridad de su ajuar". (T. Chapa). De ellas se conservan seis en la localidad. Además han aparecido un cérvido al que falta la cabeza, un jabalí, una vaca en relieve, en paradero desconocido, y tres esculturas humanas: una dama sedente no acabada, un guerrero al que falta la cabeza y los pies y piernas, una imagen posiblemente femenina hasta algo más abajo de la rodilla.

Actualmente muchas de estas piezas se encuentran expuestas en el museo de Espera:


Guerrero ibérico (siglos IV - III a.C.)

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Dama Ibérica (siglos IV - III a.C.)

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Verraco Ibérico (siglos IV - III a.C.)

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León Íbero-romano (siglos III - II a.C.)

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El mismo león

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León Íbero-romano (siglos III - II a.C.)

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León Íbero-romano (siglos III a II a.C.)

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León Íbero-romano (siglos III a II a.C.)

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León Íbero-romano (siglos III a II a.C.)

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Cérvido Íbero-romano (siglos III a II a.C.)

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León Íbero-romano (siglos III a II a.C.)

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Cardos de mas de dos metros de altura.

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Fuente consultada:
  • Web del ayuntamiento de Espera

1 comentario :

  1. Durante muchos años me he preguntado si o cuando había leones por aquí en el sur de Iberia. Me parece por el realismo de las esculturas y la falta de ejemplares mas antiguos que el escultor conocían leones personalmente. Puede ser por una visita a Africa donde existían leones hasta que los romanos capturaron todos por los juegos. Pero el interés del escultor no explica el interés del pueblo en representaciones del animal, especialmente si el carácter del animal no fue conocido.
    Los leones en la entrada del congreso son naturales y hechos en un tiempo cuando por exploraciones, por jardines zoológicos y tal la gente sabían algo de leones. Los leones en la bandera de León faltan la misma realidad que supongo resultó de falta de relaciones con el animal vivo.

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